Pequeñas gotas de aceite

De las diez vírgenes de la parábola, cinco se salvaron por listas y cinco se perdieron por necias. Pero ninguna se salvó por buena: El esposo tardaba, les entró sueño a todas y se durmieron. Sus lámparas se habían apagado: despertaron y se pusieron a preparar sus lámparas. De haber estado encendidas, nada habrían tenido que preparar.

Sé listo, pero, además, procura ser bueno. No dejes que la lámpara del amor a Cristo se apague en el sueño de la tibieza. Tampoco esperes, como algunos, a que la llama apenas brille para rellenarla de aceite. Dicen: «Mañana me confieso, mañana rezo, mañana pido perdón, mañana estaré de mejor humor, mañana seré más sobrio»… Y, de mañana en mañana, la llama se va apagando. No siempre logran encenderla de nuevo.

Yo te aconsejo que tu lámpara esté siempre llena, y su llama siempre alumbre. Te bastarán constantes y pequeñas gotas de aceite: una jaculatoria, detalles de puntualidad en la oración, el cuidado de la compostura en misa, actos de amor, delicadeza en el tono con que hablas a tu hermano… Con esas pequeñas gotas, día a día, hora a hora, tu lámpara estará siempre preparada y tu alma permanecerá en vela.

(TOI21V)