Parábola del niño perdido

La versión que san Mateo nos transmite de la parábola de la oveja perdida difiere de la de san Lucas. Allí, la oveja perdida es el pecador. En Mateo, sin embargo, es un niño. Por eso, tras pronunciar la parábola, Jesús añade: Igualmente, no es voluntad de vuestro Padre que está en el cielo que se pierda ni uno de estos pequeños. En este caso, la parábola de la oveja perdida es la parábola del niño perdido.

¿A qué niño se refiere? Si no os convertís y os hacéis como niños, no entraréis en el reino de los cielos. Se refiere a ti, al niño que fuiste.

Al niño que se fiaba de sus padres (antes de que te decidieras que ya eras mayorcito y tus padres no te entendían), al niño que obedecía (antes de que comenzases a hacer lo que da la gana), al niño que preguntaba y aprendía (antes de que creyeras que lo sabes todo), al niño que dependía para todo de papá y mamá (antes de que declarases tu independencia).

Busca a ese niño perdido… Y átalo a Dios como estuvo entonces atado, con lazos de amor y obediencia, a sus padres. Así te salvarás.

(TOI19M)