¿Para quién trabajas?

Cuando san Martín de Tours estaba a punto de morir, sus sacerdotes le rogaron que se quedara con ellos. Y, aunque él ardía en deseos de ver a Dios, levantó la vista al cielo y exclamó: «No rehúso el trabajo». San Pablo, que también ardía en deseos de ver a Dios, escribió: Deseo partir para estar con Cristo, que es con mucho lo mejor; pero, por otro, quedarme en esta vida veo que es más necesario para vosotros (Flp 1, 23-24). Tanto san Martín como san Pablo trabajaban para Cristo, y estaban dispuestos a prolongar su jornada para servir a tal Señor.

Id también vosotros a mi viña. ¿Y tú? ¿Para quién trabajas? ¿Trabajas para Dios, trabajas para ti, o divides tu tiempo «equitativamente» entre ambos? ¿O estás ocioso?

Al organizar tu tiempo… ¿Reservas, entre tus múltiples tareas, un tiempo para Dios? ¿O le entregas a Dios tu agenda, y dejas que Él se adueñe de tus horas?

¿A qué has renunciado por Cristo? ¿Qué has sacrificado por Él?

¿Quién es tu jefe? ¿A quién obedeces, a ti mismo, o a Dios? ¿Tienes dirección espiritual?

¿Te cansas por Dios?

¡Cuántas preguntas! Y todas se resumen en una: ¿Para quién trabajas?

(TOA25)