Para que muchos caigan y se levanten

La profecía del anciano Simeón taladra la Historia, y, dos mil años después, sigue alumbrando todos los belenes y todos los crucifijos de la tierra:

Éste ha sido puesto para que muchos en Israel caigan y se levanten

Dime si no es verdad: quienes se acercan a Él en pie acaban derribados. Los Magos, que buscaron su rastro siguiendo una estrella, al encontrarlo, cayeron de rodillas. Los pastores, que acudieron corriendo a Belén, al ver a María, a José y al Niño se postraron y alabaron a Dios. Pero también Herodes, que acudió en pie con la soberbia del rey tirano, acabó derribado de su trono y postrado en la muerte más infame.

Otros, sin embargo, acuden caídos, y son levantados. Los pobres, los humildes, los fatigados, los sencillos, los enfermos… ¡los pecadores! Somos muchos quienes acudimos a Belén caídos, derribados por la vida y por nuestra propia miseria. Y allí encontramos apoyo y somos elevados. Somos alzados, como los niños, por los brazos maternales de María, y somos aupados a ese trono que es el regazo virginal donde reposa el pequeño Jesús. Ambos, Él y yo, cabemos en los brazos de esa Madre. y ¡qué bien se está allí!

(2912)

“Evangelio