Para poder hablar, primero escucha

Hace pocos días, cuando considerábamos la parábola del sembrador, reparábamos en el encargo que el propio Jesús nos asignó: llevar su palabra a todas las gentes. Pero, para hablar de Dios, es preciso, primero, escuchar hablar de Dios. Si no escuchas a quien te habla de Dios, y predicas, fácilmente terminarás predicándote a ti mismo.

Mi madre y mis hermanos son estos: los que escuchan la palabra de Dios y la cumplen.

Es muy importante recalcar esto en nuestros días, porque se nos ha llenado el mundo de autodidactas. Conozco a gente que habla de fútbol, de política, de ciencia, de astronomía, de religión, de coches, de cine, de filosofía… y se delatan a sí mismos, porque, cuando estás con ellos, te das cuenta de que no tienen el más mínimo interés en escuchar a nadie. Sólo quieren hablar, y hablar de lo que han hablado y con quién. Pero si alguien quiere hablarles a ellos, y pretende enseñarles algo, lo desprecian.

Primero sé discípulo. Escucha la Palabra, escucha al sacerdote y pregúntale, busca algún medio de formación. Después, procura llevar a la vida cuanto escuchas. Y, después, habla. Así tendrás menos riesgo de acabar diciendo estupideces con esa solemnidad.

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“Evangelio