Para la puerta de tu nevera

Hay recordatorios que uno pega en la puerta de la nevera, para no olvidarlos jamás. Supongo que es un lugar tan socorrido, porque siempre acabamos abriéndola en los momentos de ansiedad. Dicen que Elizabeth Taylor se hizo fabricar una nevera parlante, que, cada vez que la abría, le insultaba: «Cow! Cow!» (es decir: «¡Vaca!»).

San Pablo pide a Timoteo que ponga a Jesucristo en la puerta de la nevera: Acuérdate de Jesucristo (2Tim 2, 8). Es un recordatorio maravilloso. Busca un crucifijo con un imán, y pégalo allí, junto al aviso que te ha puesto tu hijo para que le compres la Nocilla. Además, hoy el Señor te da un post-it no muy reconfortante, para que lo añadas a esa puerta, que ya parece una pizarra:

Acordaos de la mujer de Lot.

Esa pobre señora, por mirar atrás mientras se quemaban Sodoma y Gomorra, en lugar de mirar hacia delante, al camino que Yahweh le había señalado, quedó convertida en estatua de sal. Te voy a regalar una estatua de sal con imancito, para tu nevera. A ver si así no conviertes tu oración en despacho de urgencias, donde repasas tu apretada agenda, cuando deberías buscar el rostro de Dios.

(TOI32V)