Para amar como Dios

Piensa en alguien con quien tengas especial afinidad: un buen amigo, alguien en quien confías.

Piensa en alguien que te ha hecho daño o que, simplemente, te resulta especialmente antipático.

¿Tratas por igual a los dos? ¿Los amas por igual? ¿Te entregas de igual modo a ambos?

Lo cierto es que, normalmente, comerciamos con el amor. Amamos más a quien más nos ama, y tratamos mejor a quien mejor nos trata. Es duro reconocerlo, pero apenas regalamos nada: nuestro corazón siempre busca una contraprestación por los servicios. No le culpes. El pobre está sediento de cariño.

Amad a vuestros enemigos y rezad por los que os persiguen, para que seáis hijos de vuestro Padre celestial, que hace salir su sol sobre malos y buenos.

Sólo el Espíritu puede otorgarnos la gracia de amar como Dios. Porque Él es el mismo Amor divino y, al alcanzar el alma, llena el corazón y sacia toda su sed de afecto. Quien se sabe tan amado por Dios puede amar por igual a amigos y enemigos, porque no necesita paga; ya está pagado por el mejor Pagador.

Pero, para recibir ese Amor, y recibirlo de esa manera, sólo conozco una receta: oración y sacramentos.

(TOI11M)