Pan del cielo

Sagrada HostiaCuando decimos «cielo» señalamos a lo alto. No creemos que Dios habite tras las estrellas, pero la comparación nos sirve. El lugar donde Dios habita, como las nubes, se encuentra en alto. Para llegar, debemos realizar una ascensión costosa que conlleva remontar la fuerza gravitatoria de la concupiscencia de la carne y del pecado.

No fue Moisés quien os dio pan del cielo, sino que es mi Padre el que os da verdadero pan del cielo. El pan de Dios es el que baja del cielo y da vida al mundo. El maná que comieron los hebreos en el desierto descendía del cielo de los astros. Pero el pan que nos da Cristo viene del cielo de Dios.

La Hostia que se posa en mis manos en cada misa viene de Dios y es Dios. Ese pan no es de este mundo. Aunque sus accidentes lo sean, su sustancia, Él mismo, es divina.

Cuando la comes, comes Dios y comes cielo. Si comulgas bien, te llenas de cielo por dentro, porque recibes vida eterna. Esa vida no puede apagarla la muerte, está por encima de la muerte y del pecado.

No olvides nunca de dónde viene el pan que comulgas.

(TOB18)