Palabrita

Los secretos no son para los sordos. Los secretos se dicen en voz baja, y es preciso gozar de buen oído para escucharlos. También para decirlos, porque quienes oyen mal suelen hablar a gritos, quizá para escucharse a sí mismos. El confesor sordo es un peligro para la intimidad del penitente. Y el penitente sordo es un suplicio para confesor y feligreses (salvo para los muy curiosos).

Dios va a revelar su Amor. Y va a hacerlo en voz bajita, porque las declaraciones de amor requieren pudor e intimidad. Por eso se hará pequeño, muy pequeño; se hará niño. Y sólo los muy pequeños podrán escuchar esa voz.

Has escondido estas cosas a los sabios y entendidos, y las has revelado a los pequeños.

Cada vez que oigo hablar de la «fe adulta» me echo a temblar. Yo no quiero una «fe adulta». Aparte de que el palabro me rima con «adulterio», la fe adulta está sorda cuando se trata de escuchar la «Palabrita». Porque el Verbo divino se hará «Palabrita» … –¡Palabrita del Niño Jesús!– y sólo los pequeños la podrán escuchar.

Yo quiero una fe de niño. Así me entenderé con el Dios que habla en voz baja.

(TA01M)