Palabras que se vuelven locas

Cuando las palabras humanas apuntan a lo inefable, las pobres se vuelven locas, y no pueden sino dar vueltas. A quien escucha, todo se le hacen contradicciones y desmentidos, como un afirmar algo y también su contrario. Es preciso tomar la distancia justa que permita oír a la vez el sí y el no, y, entonces, el corazón se eleva a lo sublime.

Dice Jesús: Yo os he escogido sacándoos del mundo; y, poco después, orando a su Padre: No te pido que los saques del mundo (Jn 17, 15). Por vocación, y por esperanza, el corazón del cristiano está en el cielo, porque camina, como peregrino, hacia la gloria. Pero, mientras caminamos, estamos en el mundo, y desde dentro ansiamos con redimirlo crucificados con Cristo.

Si a mí me han perseguido, también a vosotros os perseguirán. E, inmediatamente: Si han guardado mi palabra, también guardarán la vuestra. Mira a San Pablo: persiguió a los cristianos, y guardó finalmente su palabra. Cuando el perseguidor arrincona al cristiano en la Cruz, y el cristiano, mansamente, se inmola, resulta transformado el corazón del verdugo, y queda convertido en cristiano.

Ya lo ves: no son contradicciones. Son formas de apuntar a lo inefable.

(TP05S)