Palabras que derriban puentes

¿Qué movía a los escribas y fariseos a querer desprestigiar públicamente a Jesús? Seguramente, la envidia. No podían soportar que aquel rabbí de Nazaret tuviera más autoridad, ante la gente sencilla, de la que ellos jamás habían reunido.

Tiene dentro a Belzebú y expulsa a los demonios con el poder del jefe de los demonios.

Muchos de quienes escuchaban estas palabras, venidas de labios de las autoridades religiosas, no podrían evitar en adelante, al ver a Jesús, que los asaltara la desconfianza. ¿Y si era verdad? ¿Y si aquel rabbí estaba dominado por los demonios? ¿Era sensato fiarse de él, y poner la vida en sus manos?

La murmuración es siempre un pecado. Pero, cuando se habla mal de un sacerdote, el pecado reviste especial gravedad. No lo hagas jamás. Porque, si lo que dices es falso, quien te ha escuchado no podrá evitar desconfiar injustamente de quien le acerca a Dios. Y, si crees que lo que dices es cierto, mejor harías poniéndolo en conocimiento de sus superiores con humildad. Pero si desprestigias al sacerdote ante los fieles, y siembras la desconfianza hacia él, estás privando a las almas del puente que las lleva a Dios. Ten mucho cuidado.

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“Evangelio