Palabras de Dios en tu boca

Imagina que hubieras podido pasar con Jesús uno de los días de su vida pública, y recoger en una grabadora todas las palabras pronunciadas por Señor. Si ahora nos reprodujeras esa grabación, ¿qué crees que escucharíamos? ¿Un sermón interminable?

Seguro que no. Jesús hablaba de su Padre, y esas palabras han sido recogidas en los evangelios. Pero el Señor hablaba también del tiempo, de las últimas noticias, de lo buena que estaba la comida, de las ojeras con que se había despertado Andrés, de lo hermosos que estaban los campos… Y, desde luego, bromearía con los suyos. ¡Cuánto me hubiera gustado escuchar esa grabación!

El que Dios envió habla las palabras de Dios.

Recuerda que tú has sido enviado por Cristo: Como el Padre me envió, así os envío yo (Jn 20, 21). Debes hablar las palabras de Cristo. Pero hablar las palabras de Cristo no significa pasar el día profiriendo sentencias espirituales. Significa hablar de Dios, y del tiempo, y de política, y de cualquier asunto humano, con sentido sobrenatural. Y reír, y bromear, y hacer reír al propio Dios.

Y callar todas las palabras que vengan, no de tu alma, sino de tus vísceras.

¡Ojalá diera gusto grabarte!

(TP02J)