Otra forma de enfrentarse al dinosaurio

Es buena práctica la de realizar ejercicios espirituales en Cuaresma. Te la aconsejo. Los seglares no podéis ausentaros muchos días de casa, pero hay multitud de ofertas de ejercicios de fin de semana que seguro que se adaptan a tu agenda con un poco de esfuerzo. Vale la pena.

Maestro, ¡qué bueno es que estemos aquí! Vamos a hacer tres tiendas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías. Sucede, cuando se hacen bien los ejercicios espirituales, que el alma se abisma en una paz tan grande y tan llena de Dios que el fin de semana se encoge, y uno quisiera permanecer allí, como Pedro quería vivir en el Tabor. En realidad, no puedes, debes volver a tu lugar, a tu familia, a tu trabajo… Pero te atrapa cierta «pereza», incluso cierto temor de perder lo que en los ejercicios has ganado. Es normal.

¿Recuerdas aquel relato brevísimo de Monterroso? «Cuando despertó, el dinosaurio seguía allí». Pues eso: cuando vuelves de ejercicios, tus problemas siguen allí. El dinosaurio es el mismo que dejaste. Pero has cambiado tú, y puede que, al volver, incluso le des un besito al dinosaurio en el hocico.

¿Ya te has decidido? ¡Venga!

(TCBO2)