Ojos que buscan el bien

¡Qué misteriosas palabras, la del profeta Habacuc! Le dice a Dios: Tus ojos son demasiado puros para mirar el mal (Hab 1, 13). ¿Quiere eso decir que Dios no conozca nuestros pecados, que se tape la cara para no ver nuestros crímenes? ¡Por supuesto que no! Lo que quiere decir el profeta es que Dios no se deleita en el mal, y su mirada busca siempre el bien para descansar allí. Digámoslo de otra forma: Dios es quien siempre ve la botella medio llena.

Fíjate, por ejemplo, en el evangelio de hoy. Ante la aparición de un hombre que, sin caminar junto a Jesús, expulsa demonios en su nombre, Juan se queja: Se lo hemos querido impedir, porque no viene con nosotros. Jesús, en cambio, ve las cosas de otra forma: Quien hace un milagro en mi nombre no puede luego hablar mal de mí. Juan ve lo malo, Jesús ve lo bueno. Juan quiere derribar, y Jesús quiere construir.

Ojalá le pidas prestados los ojos a Cristo. Te fijas mucho en lo malo de las personas, y así no podrás ayudarlas jamás, porque esa mirada tuya te aparta de ellos. Mira lo bueno, aquello sobre lo que puedes edificar. Y, mirando así, ayudarás a muchos.

(TOB26)