O la Cruz, o el sofá

Una paciente muy paciente me cuenta cómo el psicoterapeuta le pide que busque, en su imaginación, un «lugar seguro», un refugio donde se sienta a salvo. Supongo que tiene que ver con eso que llaman ahora «zona de confort». Y también supongo que, como nada hay nuevo bajo el sol, el «lugar seguro» de los hebreos era Jerusalén. Protegidos por la misteriosa presencia de Yahweh en su templo, los judíos se sentían a salvo en la que llamaban «ciudad de Dios».

Y agarrándolo, lo sacaron fuera de la viña y lo mataron. Jesús anunciaba cómo, antes de matarlo, los sumos sacerdotes lo sacarían fuera de Jerusalén, al Calvario. Era preciso vomitarlo primero, arrojarlo al estercolero del Gólgota y, allí, acabar con su vida como se acaba con un despojo.

Salgamos, pues, hacia él, fuera del campamento, cargados con su oprobio (Heb 13, 13). Llevas toda la Cuaresma rezando en tu «zona de confort». Sal de una vez, deja atrás tus comodidades, tus compensaciones, tus preocupaciones y tus planes. Mortifica la carne, abandona tus seguridades. ¡Ponte en pie, y camina siguiendo al Señor! No puedes ser un «cireneo de salón». ¿Qué has perdido, en esas dos semanas, para seguir a Cristo?

(TC02V)