Nunca nadie fue tan libre como Él

Jesús de Nazaret ha sido el hombre más libre que haya existido jamás. Resulta sorprendente decir esto de quien ha muerto clavado a una cruz. Sin embargo, nadie sabe lo que es la libertad hasta que no mira detenidamente un crucifijo.

Lo normal, cuando alguien se ha ganado el afecto de sus semejantes, es procurar no defraudarlos. Esa necesidad que tenemos de ser «bien mirados» nos encadena al aprecio de los demás. Por eso es fascinante el comportamiento de Jesús. Veámoslo en la sinagoga de Nazaret:

Todos le expresaban su aprobación y se admiraban de las palabras de gracia que salían de su boca.

Éste es el momento en que un buen «mánager» le diría: «¡Ya son tuyos! Ahora los llevarás a donde quieras. Trátalos bien. No lo estropees».

Y éste es, también, el momento en que Jesús rompe el guión. Les reprocha su falta de fe, les recuerda cómo, en la antigüedad, muchos extranjeros fueron más dignos del favor de Dios que los judíos, y consigue enfurecerlos hasta el punto de que procuraran despeñarlo.

En ocasiones, servir a los hombres no es compatible con agradarlos. Hay que ser muy libre para servir al prójimo y agradar sólo a Dios.

(TOP22L)