No volverás a casa en ayunas

que nada se desperdicie¡Menuda media hora de oración te has marcado! Estabas allí, como un bobalicón, delante del sagrario, y no sabías qué decir. Intentabas leer, pero mil pensamientos mundanos, como alimañas, se te echaban encima y te impedían prestar atención a la lectura. Y mirabas al sagrario en busca de ayuda… nada. Como si fuera una caja de metal encima de un estante. Entonces dirigías tus ojos al reloj. ¿Sólo han pasado dos minutos? Desde la última vez que lo miraste, sí. Y así otros dos, y otros dos, hasta que se cumplió la media hora. Te marchaste con la sensación de no haber rezado nada.

– Siento compasión de la gente… Si los despido a sus casas en ayunas, van a desfallecer por el camino. – ¿Y de dónde se puede sacar pan aquí, en despoblado?

No temas. Jesús no permite que quien está con Él vuelva a casa en ayunas. Y, aunque en despoblado, y en el desierto de una oración seca, parezca imposible encontrar pan, desde esa caja de metal que está encima de un estante Él sabe como saciar tu alma.

Créeme: aunque creas no haber rezado, ha sido un tiempo de oración bien aprovechado. Por Él, y por ti.

(TOP05S)