No se irá si no le echas

A lo largo de su vida, Jesús recorrió toda Judea, Galilea, Samaría, y algunos lugares que eran tierra de paganos. Entró en muchos pueblos y aldeas. Pero también se marchó de algunos.

Los fariseos planearon el modo de acabar con Jesús. Pero Jesús se enteró, se marchó de allí.

Jesús nunca permanece donde no le quieren. También los gerasenos le pidieron que se marchara tras haber expulsado a una legión de demonios, y Él se marchó. Y, del mismo modo, se marcha el Espíritu de Jesús del alma cuando el pecador abre las puertas y le invita a salir para dejar que el pecado ocupe su lugar en el santuario interior.

Esos momentos, en que Jesús se marcha, son los más tristes de la vida. Es algo que no debería suceder jamás. Y no sucedería, si nosotros no quisiéramos. Jesús no se escapa, se va porque se le echa; y se le echa porque se recibe al pecado, y en el alma no hay sitio para los dos.

Alma en gracia: Jesús permanecerá en ti, y no se marchará jamás, porque te ama, y su delicia es morar en ti. No le eches tú de tu casa. Guárdate del pecado.

(TOI15S)