No se aceptan propinas

propinaMe dices que amas a los demás, que no deseas otra cosa que su bien, que te desvives por ellos… Anda, no te engañes, ni quieras engañarme a mí. Es verdad que los quieres, y deseas su bien. Pero también buscas algo en ellos para ti. Quizá olvidaste quién eres.

¿Quién es el criado fiel y prudente, a quien el señor encarga de dar a la servidumbre la comida a sus horas? Bienaventurado ese criado, si el señor, al llegar, lo encuentra portándose así. Eres un criado de Cristo (¿quién te ha criado, si no?). Y se te ha asignado una tarea: alimentar a quienes te rodean, dejarte comer por ellos. Si cumples tu tarea, recibirás una paga generosa y abundante, porque nadie paga como paga este Señor. Pero tú, tras servir los platos (que los sirves, te lo concedo), siempre te quedas esperando la propina. O, peor, te la cobras por tu cuenta. Robas.

Recuérdalo: no se aceptan propinas. En esta casa, no. Las que busques, te las descontarán de la paga, y saldrás perdiendo. Y las que robes se volverán en tu contra y perderás el trabajo.

No busques más paga que la que habrá de darte Dios.

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