No sabéis lo que pedís

Cuando Jesús preguntó a san Juan de la Cruz: «Juanito, ¿qué quieres?», Juan respondió: «Padecer y ser condenado por tu nombre». Ya lo creo que lo recibió.

Mi cáliz lo beberéis.

Para padecer y ser condenado, no fue necesario que Juan compitiera con nadie, al modo en que compiten los bañistas por extender la toalla en primera línea de playa. Al fin y al cabo, nadie quiere ser perseguido. ¿Con quién iba a pelearse?

Ordena que estos dos hijos míos se sienten en tu reino, uno a tu derecha y el otro a tu izquierda.

Y no hay más sitios, porque delante no se sienta nadie, y detrás tampoco. Los asientos de privilegio junto al Rey sólo son dos, y todos los quieren. De ahí, las peleas: Los otros diez se indignaron contra los dos hermanos.

No sabéis lo que pedís.

Realmente, no lo sabían. Por eso, el Señor se lo explicó: El que quiera ser primero entre vosotros, que sea vuestro esclavo.

Las playas están llenas de toallas, lo gobiernos de este mundo están llenos de vicepresidentes, y la Cruz está sola, porque nadie quiere esa suerte para él. Busca los últimos puestos; serás santo, y, además, discutirás menos.

(2507)