No quedará piedra sobre piedra

Hablaban del templo de Jerusalén, de lo bellamente adornado que estaba con piedra de calidad y exvotos. Tú podrías hablar de la estatua de la libertad, las pirámides de Egipto, el monasterio de El Escorial o la Alhambra de Granada. Esto que contempláis, llegarán días en que no quedará piedra sobre piedra que no sea destruida.

Este mundo se cae a pedazos. Nuestros propios cuerpos alcanzan su esplendor para, después, irse consumiendo en la decrepitud hasta que se deshacen. La belleza de la juventud dura menos de lo que tardas en admirarla.

Esto se hunde. Paradójicamente, sólo la Cruz queda en pie. Ella es el centro del Cosmos y de la Historia, la única escalera que da acceso a lo eterno desde lo profundo de la muerte. Quien se abrace a ella, será salvado del derrumbe y vivirá para siempre. Quien huya de ella, se perderá entre los escombros a los que vive abrazado: ¿El coche? ¿El piso? ¿El dinero? ¿El ser amado, también mortal?

¡Qué enorme responsabilidad, para quienes conocemos esa escalera! ¿Seremos capaces de ver cómo los hombres se precipitan en la muerte, y no proclamar a gritos que Cristo es el Camino, la Verdad y la Vida?

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