No puedes vivir en un temblor

Uno de los grandes negocios de nuestra era es la venta de ansiolíticos. Son multitud las personas que ya no saben vivir sin echar mano de esas «pastillitas mágicas». Sucede porque, a gran parte de nuestros contemporáneos, la vida se los lleva como se lleva el agua un tronco muerto. Han perdido el control, y tienen miedo porque, en el fondo, ya no saben dónde van. El propio afán de control que tenemos nos produce, aun, más estrés. Si un familiar no responde al teléfono móvil en toda la mañana, ya piensas que le ha sucedido alguna desgracia. Vivimos en agitación permanente.

No se turbe vuestro corazón, creed en Dios. Necesitamos algo que no se mueva, que permanezca firme, que siga allí cuando queremos apoyarnos en esa roca. Lo necesitamos como necesita el niño, agitado por las pesadillas, la mano de la madre que le dice: «Estoy aquí, no pasa nada…»

Que sea el médico quien te diga si necesitas ansiolíticos. Pero deja que el sacerdote te recuerde que necesitas anclar tu vida en Dios: rezar diariamente, comulgar con frecuencia, confesar con regularidad, y, sobre todo… clavar tus ojos en el horizonte, en la vida eterna. Así no te marearás.

(TPA05)

(HOMILÍA EN AUDIO PARA QUIENES NO PUEDEN ASISTIR A MISA HOY) (Pulsar en el enlace con el botón derecho para descargarla)

(Puede suscribir los audios como podcast añadiendo esta dirección a su agregador de podcasts: https://www.espiritualidaddigital.com/feed/podcast/ )