No olvides a qué has venido

Un jugador de fútbol recibe, durante un partido, un fuerte golpe en la cabeza. Cuando abre los ojos, no sabe dónde está. Ve hierba, hombres vestidos de corto, un balón… ¿Qué pinta él ahí? ¿Qué lugar es ése? ¿Qué tiene que hacer? Eso se llama desorientación. Y así vive su vida mucha gente; desorientada. No saben a qué han venido al mundo, desconocen que tienen una misión que cumplir, no entienden qué es el mundo, y tampoco se hacen preguntas. Procuran sobrevivir lo mejor posible hasta que el árbitro pite el final del partido.

El que siembra la buena semilla es el Hijo del hombre; el campo es el mundo; la buena semilla son los ciudadanos del reino. ¡Bendita explicación, que nos sitúa en la realidad! Hemos venido al mundo como buena semilla sembrada por Cristo. Y hemos venido, como Él, a lo que la semilla viene al campo: a dar la vida. No a morir. Heidegger dijo del hombre que es un ser-para-la-muerte. No es cierto. El hombre es un ser para la entrega; la muerte es el fracaso del egoísta.

Por eso, no esperes ver frutos durante tu vida. La semilla da fruto cuando ha consumado su entrega.

(TOI17M)