«No me funciona el santo»

Frecuentemente acudimos a los santos para que intercedan por nosotros y apoyen nuestra oración. Pero no vayamos a pensar que esa intercesión, tan poderosa, tiene efectos instantáneos como el sobrecito de café que se disuelve en la taza de leche. Por no entender esto, algunos creen que su santo «no funciona», y van buscando otro santo que «funcione». «No me funciona san Matías, se lo pediré a san Antonio bendito».

La oración siempre es lucha. Y en esa lucha nos ayudan, gustosos, los santos, quienes también, a su modo, luchan. Cuando aquella mujer cananea perseguía a Jesús para que sanara a su hija, los apóstoles intercedieron en su favor: Atiéndela, que viene detrás gritando. Y Jesús, no obstante, se hizo esperar: Sólo he sido enviado a las ovejas descarriadas de Israel. Finalmente, la humildad de la mujer y la intercesión de los apóstoles arrancaron el milagro de las manos del Señor.

No te impacientes si has puesto en danza a toda la corte celestial y no obtienes lo que pides. Si es bueno lo que deseas, sigue pidiendo y lo obtendrás. Quizá no lo sabes, pero esa lucha y esa insistencia te hacen humilde; por eso Dios se hace esperar.

(TOI18X)