¡No me debes nada!

Supón que un día el confesor, en nombre de Dios, te pidiese lo que el siervo de la parábola pidió a su amigo: Págame lo que me debes.

¿Cuántas veces tengo que perdonarlo? ¿Hasta siete veces?» Jesús le contesta: «No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete». Debo haber recibido la absolución más de 4.000 veces en mi vida. Casi me acerco a las setecientas veces siete. Como tuviera que pagarle a Dios lo que le debo, no habría infierno suficiente para mí en varias eternidades.

Afortunadamente, eso nunca sucederá. Al menos, entre Dios y yo; y entre Dios y tú, tampoco. Pero ¿qué tal te relacionas tú con tus deudores? No me digas que no los tienes. ¡Si parece que todo el mundo te debe algo!

Esperas que te den cariño, que te traten con respeto, que respondan a tus whatsapps (o, al menos, que los lean), que te escuchen cuando hablas… ¡Vives de espera! Con tu mirada, no dejas de decir: Págame lo que me debes.

Ojalá lo esperes todo de Dios. Él no te defraudará. Y, en cuanto al prójimo… Ojalá lo trates de tal modo que capte tu mensaje: «¡No me debes nada!»

(TOA24)