No estaba loco, sino enamorado

Llegas a misa un 10 de agosto, con 38ºC de temperatura en el ambiente, y te presentan a un tal san Lorenzo, que murió abrasado en una parrilla mientras hacía chistes e invitaba a los verdugos a darle la vuelta, porque la carne ya estaba hecha por un lado. Entonces te preguntas de qué va todo esto, qué sentido tiene tanto sufrimiento, y cómo es posible que uno pueda reírse mientras lo fríen sin estar loco perdido.

El que quiera servirme, que me siga, y donde esté yo, allí también estará mi servidor. Seamos serios, aunque san Lorenzo se ría. Nadie puede estar a gusto mientras lo tuestan en una parrilla. Pero todos, listos y tontos, santos y pecadores, estamos a gusto con el ser amado. Si san Lorenzo se dejó quemar, es porque descubrió que Cristo estaba tumbado en la parrilla, esperándole, crucificado; y que, por tanto, él no estaría solo en el tormento.

Ojalá tú, que tanto amas al Señor, también lo vieras: Cristo está en tu dolor, está en tus soledades, está en tus fracasos, está en tus contrariedades. Antes de que tú llegaras allí, ya te esperaba Él. Y convirtió tu dolor en lance de Amor.

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