No está en hacer, sino en amar

A menudo, cuando visito a ancianos que se encuentran impedidos, escucho esta frase: «Padre, ¿qué hago ya en este mundo? No puedo moverme, me tienen que ayudar a todo y no puedo ayudar a nadie. ¿Por qué el Señor no me lleva con Él?». Detrás de su queja, está el convencimiento de que el Cielo se gana haciendo cosas. Cuando ya no puedes hacer cosas, ¿qué pintas aquí?

El joven rico también pensaba así: Maestro, ¿qué tengo que hacer de bueno para obtener la vida eterna?Y Jesús le advierte: Si quieres ser perfecto, anda, vende tus bienes, da el dinero a los pobres –así tendrás un tesoro en el cielo– y luego ven y sígueme.

Semejante gesto no es una «cosa buena», sino un disparate propio de quien se ha enamorado perdidamente. La perfección, según Jesús, no consiste en hacer, sino en amar hasta la locura.

Eso le digo a mis ancianos: No puedes hacer, pero puedes amar. Y eso hace que tu vida sea muy valiosa. Aunque perdieras la cabeza, podrías seguir amando, que el Alzheimer no apaga el corazón. ¿Qué quiere Dios de ti? Que ames mucho. Dios quiere que haya en la tierra corazones que amen.

(TOI20L)