No es lo mismo curarse que salvarse

diez leprososEl mar no tiene alma. Por eso, cuando Jesús le mandó calmarse durante la tormenta, el mar no se benefició en nada del milagro.

Los hombres, sin embargo, tenemos alma. Y esa alma es tan capaz de abrirse como de cerrarse. Diez fueron los leprosos curados por Jesús. Pero sólo uno de ellos abrió de par en par el alma al Amor de Dios, y se postró a los pies de Jesús, rostro en tierra, dándole gracias. Por eso, sólo él escuchó: Tu fe te ha salvado. Tanto le salvó que, cuando le llegó la hora de la muerte, cruzó a través de ella hasta la vida eterna, porque tenía el alma llena de Cristo.

Los otros nueve, ¿dónde están? ¡Vaya usted a saber! Pero, si quiere más datos, se los doy: van camino de la muerte, aunque no pasen por la leprosería. Quedaron curados, pero no se salvaron, porque sus almas estaban cerradas.

Prepara bien tus confesiones. Llega a misa antes de que comience, y recógete. Abre el alma de par en par por tu fervor antes de recibir un sacramento. De esta forma, el sacramento que recibes no quedará en el cuerpo ni en el oído; te salvará.

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