No busques setas en una mina de oro

Propósitos, propósitos… ojalá hagas buenos propósitos. No hagas muchos, porque no los cumplirás. Haz pocos, y sé firme a la hora de cumplirlos. Pero, por favor, no dediques todo el tiempo de tu oración a hacer propósitos o a buscarlos. Eso sería como buscar setas en una mina de oro.

Los propósitos son necesarios para asegurarnos de que nos movemos. Pero, si toda la vida espiritual se fundara en ellos, convertiríamos la aventura de la santidad en una especie de olimpiada moral para campeones de la virtud. Y no, no es eso.

El hombre bueno, de la bondad que atesora en su corazón saca el bien, y el que es malo, de la maldad saca el mal. No seas tan «práctico». El tiempo que dedicas a la oración debe ser, principalmente, tiempo de contemplación gozosa. Al contemplar las escenas del Evangelio, o al considerar, embelesado, las palabras de Jesús, vas atesorando joyas en el corazón, y lo vas llenando de luz. Conforme lo llenas de luz, las tinieblas se dispersan. Y, al terminar la oración, más importante que salir resuelto es salir enamorado.

En el último minuto, formula tu propósito. Y entonces será deseo de amor, no desafío de virtud.

(TOI23S)