No apto para mayores

«No te acerques hoy a mamá, que no tiene un buen día». Espero, mamá, que no digan esto de ti en casa. Ni de ti, papá. Espero que no hayáis crecido tanto que os volváis insoportables cuando las cosas no os van bien. Porque la «mayoría de edad» a menudo se convierte en suficiencia y, cuando el adulto sufre, la suficiencia se convierte en «dejadme en paz».

Fijaos en vuestro hijo pequeño: cuando llora, es todo lo contrario del «dejadme en paz». Al revés, os quiere cerca, necesita vuestros brazos y vuestras caricias, vuestro consuelo y vuestro apoyo. El pequeño, cuando sufre, pide consuelo y se deja consolar.

Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos, y las has revelado a los pequeños. El anuncio del Adviento no es apto para mayores. Dios promete su consuelo a los pequeños, porque sólo ellos lo pueden acoger. El adulto pretende redimirse a sí mismo, pero el niño se deja redimir.

Papá, mamá: ¿Por qué no os dejáis primero consolar por Dios en vuestra pobreza, para que así sepáis consolar a vuestros hijos en la suya? Volved a ser pequeños.

(TA01M)