Niños como lienzos

Conozco a muchos adultos piadosos. Y todos tienen algo en común: han encontrado la fórmula. Saben lo que deben hacer para conquistar el cielo. Los imagino como artistas, quizá pintores, cada uno delante de un lienzo, que se desviven por pintar, para Dios, el cuadro más hermoso. Algo más tienen en común: ninguno obedece. Acuden al sacerdote para que borre los manchones de pintura con que ensuciaron el lienzo por descuido, y quizá agradecen algún buen consejo de cuando en cuando… Pero ninguno está dispuesto que le enseñen a pintar.

La verdad: no sé qué piensa Dios de esos cuadros.

En verdad os digo que quien no reciba el reino de Dios como un niño no entrará en él.

El niño no pinta, porque no sabe. El niño es un lienzo que recibe, dócilmente, las pinceladas del Artista. Se deja hacer. Se fía, porque, en su inocencia, sabe que su papel no consiste en hacerle regalos a papá, sino en recibir de él todo el amor que necesita. Y obedece como quien aprende.

Queridos pintores: podéis seguir sudando en vuestro esfuerzo, pero el reino de Dios es de los lienzos; quiero decir, de los niños; quiero decir, de los dóciles.

(TP07S)