¿Necesitas más pistas?

Todos los relatos de la resurrección de Cristo están plagados de pistas que nos conducen a la Eucaristía. Si la Magdalena buscaba el «Corpus Christi», los de Emaús lo reconocieron «al partir el pan». Y después, en el cenáculo, Jesús compartió comida con los suyos, como la comparte con nosotros en la santa Misa.

Vamos, almorzad, les dice hoy, en la orilla del mar. ¿No te bastan esas palabras para que lo busques en la Eucaristía? Si no te bastan, echa un vistazo al «menú del día»: unas brasas con un pescado puesto encima y pan. ¿Necesitas más pistas, Sherlock?

Ninguno de los discípulos se atrevía a preguntarle quién era, porque sabían bien que era el Señor. Ante los ojos, el cuerpo de Jesús no era idéntico al que conocieron durante tres años. No tiene nada de extraordinario; al fin y al cabo, ese cuerpo había cruzado la Historia y pasado al lado de la eternidad. Pero aquellos hombres sabían bien que era el Señor, como nosotros sabemos por la fe, aunque no veamos, que es Él quien se nos muestra bajo la forma de pan.

¡Corre al altar! Allí, en esa orilla, te espera Jesús glorioso para comer contigo.

(TP01V)