Necesitamos custodios como tú

¡Bendito san José! Dios te eligió, entre todos los hombres, para que fueras el custodio de sus más preciados tesoros: La vida de su Hijo único y la virginidad de su esposa. Sin dudarlo, te entregaste por completo, y Él te premió con la gloria que hoy gozas en el Cielo.

Te imploro, bendito san José, que mires a la Iglesia y te apiades de nosotros. Año tras año, cada vez son menos los hombres que, en España, están dispuestos a entregar sus vidas para, como tú, convertirse en custodios del tesoro divino de la Eucaristía. Se habla de crisis de vocaciones. Pero no es cierto: la crisis es de oídos y de voluntad. Los jóvenes no escuchan, y muchos que escuchan no quieren.

No permitas que los sacerdotes nos conformemos con entretener a los jóvenes. Enséñanos a despertar en ellos, sin miedo, grandes ideales, y enséñales a ellos, que están en la edad del amor, los grandes amores, aquellos por los que merece la pena vivir y morir. Hazlos rebeldes: que no se conformen con el horizonte que les ofrece una pantalla, y que descubran el inmenso océano de Amor que se abre desde la orilla de un altar.

(1903)