Motivos para poner la otra mejilla

Quizá sea una de las frases más sonadas, más repetidas, más conocidas y menos cumplidas de los evangelios: Si uno te abofetea en la mejilla derecha, preséntale la otra. ¿Qué significa, exactamente, «poner la otra mejilla»?

Para empezar, significa que no vas a devolver el sopapo a quien te sacude. Para seguir, que tampoco vas a esconderte para que no te sacuda otro –y, para actuar así, es preciso ser valiente–. En tercer lugar, que incluso se lo vas a poner fácil, porque vas a presentar ante sus ojos otra mejilla intacta que pueda abofetear, con la ventaja de que tu oponente ha aprendido que no te defenderás.

¿Por qué tengo que hacer eso?

Antes de responder, mira un «Ecce Homo». Contempla el rostro de Cristo cubierto de ultrajes, en ambas mejillas y en toda su faz. Y piensa que si Jesús, ante tu primer pecado, te hubiese castigado como merecías, no estarías leyendo esto. Si hubiese roto contigo para que no lo abofeteases más, tampoco estarías aquí.

¿Por qué tienes que hacer eso? Por amor. Porque Cristo lo ha hecho contigo primero. Porque tus dos mejillas rotas son las monedas con que comprarás el alma de tu enemigo.

(TOI11L)