Morada de Jesús resucitado

Durante los tres años de su vida pública, Jesús convivió con sus apóstoles. Dormía junto a ellos, despertaba a su lado, comían juntos… Todo ello terminó cuando el Señor murió en la Cruz. Después, pasado el domingo en que resucitó de entre los muertos, se apareció a ellos en contadas ocasiones. Y, tras dejarse ver, desaparecía.

¿Dónde estaba Jesús, cuando no se mostraba al lado de los suyos? ¿Dónde está ahora?

Decir que está en el Cielo es respuesta fácil, aunque cierta. Permíteme aventurar otra respuesta, también cierta:

Hazle hueco, deprisa, porque Jesús resucitado quiere estar en ti, vivir en ti, y obrar en ti.

El Padre, que permanece en mí, él mismo hace las obras. Creedme: yo estoy en el Padre, y el Padre en mí.

Del mismo modo, deberías poder decir tú: «Cristo, que permanece en mí, él mismo hace las obras. Creedme: yo estoy en Cristo, y Cristo en mí». San Pablo lo decía. ¿Por qué tú no?

Porque estás muy lleno de ti mismo. Anda, límpiate, vacíate, renuévate… y haz hueco a Jesús resucitado, que quiere vivir en ti. Dile, sin miedo: «Aquí me tienes, Señor, conquista mis afectos, mis pensamientos, mis deseos, mis palabras… ¡Invádeme!»

(0305)