Monjes trapenses y carmelitas descalzas

Algunos piensan que Jesús, en ocasiones, olvidaba al común de los cristianos y hablaba para monjes trapenses y carmelitas descalzas: Todo aquel de entre vosotros que no renuncia a todos sus bienes no puede ser discípulo mío.

«¡Qué majos, los monjes trapenses y las carmelitas descalzas! Pero este pasaje no es para mí. No querrá Dios que renuncie al dinero que tengo guardado para la Universidad de mis hijos, porque, entonces, no me habría llamado a ser padre de familia».

Ha leído mal. Jesús no dice que quien no renuncie a todos sus bienes no pueda ser monje trapense o carmelita descalza. Dice que no puede ser discípulo mío.

Lo cual no quiere decir que vacíes la cuenta corriente. Quiere decir que, si aceptas a Cristo como Señor, todo eso no es tuyo, sino suyo. Eres un pobre administrador de sus bienes, que debe preguntar cada día cómo quiere Dios que los emplees. Prescindirás de gastos superfluos, lujos innecesarios, alardes vanidosos… Entregarás en limosna una parte. Y, en cuanto al resto, lo administrarás fielmente, sabiendo que un día rendirás cuentas.

Nada es tuyo. Si quieres ser discípulo de Cristo, serás tan pobre como un monje trapense o una carmelita descalza.

(TOI31X)