Misterios de un amor divino y humano

Esa visita frustrada de la Virgen, resuelta en la negativa de Jesús a recibir a su madre, siempre nos revuelve por dentro. Hubiéramos esperado otra cosa: que Jesús se levantara, dejase a sus discípulos allí sentados a la espera, y fuera a darle un beso y un abrazo a María, para después sentarla a su lado durante el resto del sermón. Pero lo cierto es que no fue así.

– Tu madre y tus hermanos están fuera y quieren hablar contigo. – ¿Quién es mi madre y quiénes son mis hermanos? Estos son mi madre y mis hermanos.

Cristo marcó con su madre distancia muy dolorosa. Apenas vemos a la Virgen en la vida pública. Luego, cuando todos huyan, María reaparecerá en el Calvario, y esa distancia y ese amor serán terribles: la Madre acompaña al Hijo, pero no lo toca hasta que ha muerto.

Es todo un misterio ese amor profundo entre Cristo y María, que se resolvió en dolor, y dolor dulce. Desde los doce años del Señor, para ellos amar fue sufrir.

Con todo, esa distancia también la ha marcado Jesús con nosotros. No recibirás un beso del Señor en esta vida. Pero compartirás su Cruz. ¿Qué une más?

(TOI16M)