Mirando al monstruo a la cara

El amor a los enemigos está muy presente en el Sermón de la Montaña. Pero de poco nos aprovecharán las palabras del Señor si no tenemos localizado y perfectamente identificado al monstruo. ¿Quién es el enemigo?

En ocasiones, el enemigo es el conjunto de la población mundial, salvo tú. ¿Nunca has salido de casa por la mañana, y te ha parecido que todas las personas que pueblan el mundo son odiosas y estúpidas? Venga, di la verdad, que nadie te oye. ¿Por qué odias a esa señora que está viendo, en la estantería del supermercado, las mismas salchichas que quieres coger tú? ¿Por qué odias a ese conductor que te adelanta, y a quien no conoces? Estás a la defensiva, y el mundo entero es enemigo tuyo.

Tu marido, tu mujer, tus hijos… Muchas veces, los ves como quienes vienen a quitarte la vida, y te defiendes de ellos. Por eso adoptas esos modales tan bruscos.

Amad a vuestros enemigos… No te defiendas. Déjate comer. Sé eucaristía. Antes de que te quiten la vida, entrégasela tú. Es cierto que te despojarán de todo… Pero, una vez despojado y pobre, Dios te llenará con una alegría que no habías experimentado jamás.

(TOI11M)