¡Mi todo!

En España –especialmente en Andalucía– hay devoción por la imagen de «nuestro Padre Jesús». La primera vez que escuché la advocación me sonó distorsionada. ¿No es Jesús nuestro hermano, y su Padre el Padre nuestro? Inmediatamente, me vino al pensamiento la oración que aprendí desde niño: «Señor mío Jesucristo… Creador, Padre y Redentor mío». Y me di cuenta de que, siendo mi hermano, Jesús es también mi padre.

Hijo, tus pecados te son perdonados. Así habla Jesús con aquel paralítico, y lo llama «hijo». También cuando se alejaba el joven rico dijo a sus apóstoles: Hijos, qué difícil es entrar en el reino de Dios (Mc 10, 24). Y, poco antes de morir, en el Cenáculo: Hijitos, me queda poco de estar con vosotros (Jn 13, 33).

Cristo es padre, porque con su sangre ha fecundado a su esposa, la Iglesia, y así la Iglesia me dio a luz en el Bautismo. Y es también madre, porque ha sufrido dolores de parto por mí mientras yo nacía de su costado. El propio Pablo decía a los Gálatas: Hijos míos, por quienes vuelvo a sufrir dolores de parto (Gál 4, 19).

Mi hermano, mi padre, mi madre, mi redentor… ¡Mi todo!

(TOI01V)

“Evangelio 2022