Mi investigación sobre la higuera

Desde hace años, el asunto de la higuera me quita el sueño. ¿Qué sucedió? ¿Qué hacía Bartolomé bajo aquel árbol? Toda mi sesuda investigación cabe aquí:

Bartolomé se sorprende al ser saludado por Jesús: Ahí tenéis a un israelita de verdad, en quien no hay engaño. Esto no es un cumplido; no es como: «¡qué joven y qué guapo, el mozo!». Esto es por algo. ¿De qué me conoces? Entonces viene la bomba: Cuando estabas debajo de la higuera, te vi. Bartolomé cae fulminado: Rabí, tú eres el Hijo de Dios.

Dos conclusiones. Bartolomé estaba solo bajo el árbol. De ahí el asombro al verse descubierto. Y lo que sucedió allí demostró que Bartolomé era hombre «sin doblez».

Hasta aquí llego. Salvo revelación particular –que no creo que suceda– seguiré sin dormir por culpa de la higuera. Pero tengo alguna conclusión «extra»: Ojalá pudiera complacerse Jesús en algo que nos viera hacer a solas. «Cuando vencías el sueño para rezar, te vi. Cuando besabas el crucifijo a medianoche, te vi. Cuando cambiabas de canal el televisor para evitar mancharte, te vi. Cuando sonreías a aquel cuadro de la Virgen, te vi». No estaría mal ser recibido así en el cielo.

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