Mentira y soledad de los números

Ni es oro todo lo que reluce, ni todos los congregantes son cristianos. Multitudes llaman a multitudes, y soledades llaman a soledades. Al medir la fe de un pueblo, fiarse de los números es dejarse engañar.

Los sumos sacerdotes, los escribas y los principales del pueblo buscaban acabar con él, pero no sabían qué hacer, porque todo el pueblo estaba pendiente de él, escuchándolo.

Si entonces no sabían qué hacer, poco tardaron en saberlo. Consigue que quienes ahora lo escuchan embelesados lo desprecien, y ellos mismos te ayudarán.

Cuando presentaron, a ese mismo pueblo que se había rendido ante Jesús encumbrado, a un Jesús coronado de espinas, la ola de las multitudes volvió al mar con toda su fuerza, pero en sentido inverso. Y aquellos hombres gritaron: «¡Crucifícalo!».

Los números, ya ves, no son de fiar. Al final, sólo cuenta uno. Y la repetición de muchos unos, con una aventura diferente cada uno.

Bastaba uno que amase a Jesús de verdad. Y estaba allí. Se llamaba Juan, y fue el único que lo acompañó a la Cruz cuando estaba coronado de espinas.

No quieras compartir aventuras ajenas. Da un paso al frente, ten tu propia aventura de amor con Jesús.

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