Mejor recibir que padecer

Si, mientras caminas por la calle, te cae encima un tiesto que se ha descolgado de un balcón, engrosarás dos colectivos nada apetecibles: el de los descalabrados, y el de los sujetos pasivos. El de los descalabrados, porque el tiesto te ha abierto la cabeza. Y el de los sujetos pasivos, porque tu participación en el accidente se ha limitado a padecerlo. También el balón es sujeto pasivo de la patada del futbolista. No es agradable parecerse a un balón.

Perdón por el prólogo, pero era necesario para explicar que el Espíritu Santo no es un tiesto que te cae en la cabeza, ni una patada de Dios en el alma. Jesús no dice: «¡Ahí va el Espíritu Santo!», sino: Recibid el Espíritu Santo.

Tendrás que ingresar en el colectivo de los sujetos receptivos, más humano que el de los pasivos. El sujeto receptivo no padece, recibe. Se prepara, abre puertas, alberga en lo profundo lo recibido y lo guarda. No es lo mismo «oír» que «escuchar», ni es lo mismo que el Paráclito te caiga encima que recibirlo en el alma.

¿Has confesado? ¿Te mantienes en oración constante? ¿Permaneces cerca de la Virgen? Recibid el Espíritu Santo. Y alegraos.

(PENTA)