Mejor, no dudes

Para calmar tormentas, Jesús no necesitaba más que su poder de Dios. Para sanar, sin embargo, a un hombre, todo el poder de Dios no basta.

Pon tu mano sobre ella y vivirá… «Con solo tocarle el manto, curaré»… Hija, tu fe te ha salvado.

Sanar a un hombre no es calmar una tormenta. Porque la salvación con que quiere Dios salvar al hombre pasa por una relación de amor. Y esa relación no puede entablarse si el hombre no abre su alma al Espíritu. Sólo la fe puede abrir el alma así.

Si te das por perdido, si te convences a ti mismo de que no hay remedio a tus males, si permites que te venza el desaliento, nada puede Dios hacer contigo. Es necesario que creas que Jesús puede sanarte, liberarte de tus cadenas y santificarte.

Dios hará en ti según tu fe. Si crees que poderoso es Él para hacerte tan santo como a Francisco, a Teresa o a Ignacio, pídelo con esa fe, lucha con todas tus pobres fuerzas, y Él las multiplicará para ensalzarte, como ensalza un Padre a su niño alzándolo hasta sus labios para darle un beso.

Pero, si dudas… Mejor, no dudes.

(TOP04M)