Me gustan los sábados

Tras la meditación, el viernes, de los misterios de la Pasión y muerte del Señor, la Iglesia queda, durante el sábado, sumida en un silencio sobrecogedor. Ante el sepulcro, todo parece perdido, como si el mundo se hubiera quedado sin Dios, porque lo ha matado. Y allí dentro, muerto, el propio Cristo se ha sumido en el silencio más misterioso y desconcertante. Para que no nos dejemos llevar por la apariencia, la Iglesia nos trae hoy esta palabra de Jesús:

El Hijo del hombre es señor del sábado.

¡Qué señorío tan misterioso, y, sin embargo, tan real! Desde lo profundo de un sepulcro, parece estar abrazando a la Creación entera, y sosteniendo los cimientos de la tierra.

El Hijo del hombre es señor del sábado. Y la Virgen, que ora con nosotros a las puertas del sepulcro, es la señora del sábado. Ella guarda, en su corazón inmaculado, toda la esperanza de la Iglesia, anhelante del nuevo amanecer que romperá para siempre la muerte cuando el domingo despunte.

Señora del sábado, pasaremos este día junto a ti. Ayer nos fuiste entregada como madre, y hoy queremos vivir como hijos tuyos: en silencio, en esperanza, en amor. Me gustan los sábados.

(TOI22S)