¡Manos a la obra!

«Obrero» es el que vive de la obra. Si el tío Antonio decide hacerse una barbacoa en el chalet, y dedica unos ratos libres a poner hierros y ladrillos unos encima de otros, no por eso es un obrero. El obrero madruga, trabaja, suda, y llega cansado a casa.

Rogad, pues, a dueño de la mies que envíe obreros a su mies.

 Hay pocos obreros en la mies de Cristo. ¿Por qué no eres tú uno de ellos? ¿Vas a pedirle al Señor que los envíe, mientras contemplas como trabajan?

No me engañes, ni te engañes. Porque, un día, hayas quedado con un amigo, y le hayas sugerido que se confiese, eso no te convierte en un obrero, sino en el tío Antonio. Serás obrero de la mies del Señor cuando te vaya la vida en tu apostolado:

Cuando conviertas tu trabajo profesional en siembra de amor divino.

Cuando te pregunten por tus dolores, y hables de almas que viven sin Dios.

Cuando las dificultades y sufrimientos de la vida los conviertas en monedas con que comprar almas.

Cuando quienes no conocen el Amor de Dios te roben lo mejor de tus oraciones.

¿A qué esperas? ¡Manos a la obra!

(1810)

“Evangelio