Mali, male, mala…

«¡Padre, no me funciona el Evangelio! ¿Acaso no dice Jesús: Pedid y se os dará ? Pues yo pido, y Dios no me lo da. Lo que le digo: no funciona».

Quien no funcionas –me temo– eres tú. Mira lo que dice san Agustín, cuando explica que hay tres motivos por los que la oración no es respondida: «mali», «male», o «mala». Como era san Agustín, lo decía en latín. Yo te lo traduzco:

«Mali»: Dios no nos da lo que le pedimos, porque somos malos. Si tu oración no va acompañada de propósitos de conversión, si no estás tú dispuesto a hacer lo que Dios te pide… ¿cómo quieres que haga Dios lo que le pides tú? Al menos, lucha por ser santo.

«Male»: Dios no nos otorga lo que le pedimos, porque lo pedimos mal. Te has pensado que basta un padrenuestro para que tus deseos se hagan realidad, y, como no lo consigues, te enfadas. Reza con insistencia, pide una y otra vez, y hazlo con humildad, no como quien exige, sino como quien implora.

«Mala»: Dios no nos otorga lo que pedimos, porque pedimos cosas malas. ¿Estás seguro de que lo que estás pidiendo te conviene?

(TC01J)