Magos y santos

Cuando los judíos preguntaban a Jesús: ¿Qué tenemos que hacer para realizar las obras de Dios?, buscaban lo mismo que Simón, el mago, cuando dijo a los apóstoles: Dadme a mí también ese poder, de forma que reciba el Espíritu Santo aquel a quien yo imponga las manos (Hch 8, 19). Habían visto a Jesús multiplicar panes, y querían ellos realizar prodigios semejantes. «¡Mago, cuéntanos tu truco, enséñanos a sacar conejos de la chistera!».

¡Si hubieran querido entender el verdadero significado de «las obras de Dios»! La obra de Dios es ésta: que creáis en el que él ha enviado.

La obra de Dios es la Redención. Y se consumó sobre una cruz. Fue sacrificio de obediencia ofrecido por el Hijo al Padre. La mirada de fe al Crucifijo une la vida del cristiano a la de Cristo, y fruto de esa mirada es el amor rendido que ya no desea nada más que obedecer, para unirse así al Amado.

La fe sin obras está muerta (St 2, 26). Pero la obra de Dios comienza por una mirada de fe. La santidad no consiste en sacar conejos de una chistera, sino en clavar la vida a la Cruz del Salvador.

(TP03L)

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