Los siete minutos de san José

El año pasado, los fieles de mi parroquia compraron una preciosa talla de san José, que, desde entonces, adorna nuestro templo. Le prometí yo al santo, en agradecimiento, que todos los años acogeríamos la antigua devoción de los siete domingos.

Dicho, y hecho. Ayer rezamos juntos el último de los siete, y la afluencia, domingo tras domingo, al rezo de esta devoción, ha sido masiva. Nadie salió de la misa sin haber esperado a que terminásemos de rezar al santo patriarca. Espero grandes frutos espirituales de esta iniciativa. Ya los estamos recibiendo…

No escribo esto para hablarte de mi parroquia, sino para animarte a rezar, en adelante, esa oración. Me dirás que a buenas horas, mangas verdes, que ya han pasado los siete domingos y no hay quien los recupere hasta el año que viene, y que esperas que el año que viene te avise con más antelación…

… Pero yo creo que aún estás a tiempo. Te sugiero un arreglo de última hora: busca en Internet esos siete dolores y gozos, y, este año, en lugar de los siete domingos, reza los siete minutos de san José. El año que viene, a cambio, yo te prometo avisarte con antelación.

(1903)