Los salmos y la tormenta

Se encrespaban los vientos, se levantaban las olas, zarandeaban la barca, gritaban los apóstoles. Mientras tanto, él dormía.

En lugar de asombrarse y despertarlo, los apóstoles deberían haber recordado lo que estaba escrito en el libro de los salmos:

En paz me acuesto, y enseguida me duermo; porque tú solo, Señor, me haces vivir tranquilo (Sal 4, 9).

Jesús duerme en medio de la tormenta, porque confía en Dios. Como duerme un bebé en manos de su madre, ajeno a cuanto ocurre, y seguro en ese abrazo, así duerme Jesús en brazos de su Abbá. Por eso, cuando los apóstoles, que no estaban en ese momento para leer salmos, lo despertaron, les dijo:¿Por qué tenéis miedo?

Dime, ¿por qué tienes miedo tú? ¿por qué no duermes? Si tu alma está en gracia, si sabes que estás haciendo lo que Dios quiere, y, por tanto, estás en sus manos, deberías estar tranquilo. Dios, tu Padre, cuida de ti. Ya sé que, aunque el alma está en Dios, el cuerpo está lleno de dolores, y la vida mecida en turbulencias y dificultades. Pero estás a salvo. No lo olvides nunca: si el alma está a salvo, todo está a salvo. Descansa.

(TOI13M)