Los que toman el sol con camiseta

He escuchado, en algunas ocasiones, esa comparación veraniega –y tan vacacional– según la cual la Palabra de Dios es como el sol: basta exponerse a ella para que el alma quede bronceada. Si las cosas son así, habrá entonces que decir que muchos toman el sol con camiseta.

Oiréis con los oídos sin entender; miraréis con los ojos sin ver; porque se ha embotado el corazón de este pueblo. Uno puede escuchar cada día, durante años, la Palabra de Dios, y no cambiar en absoluto. Le sucede a quien no está dispuesto a convertirse, a quien quiere frecuentar la compañía de Dios, pero a la vez se defiende de Él porque hay algo que no quiere perder. Por ejemplo: si una persona que acude a diario a la santa misa no está dispuesta a perdonar una ofensa, ¿creéis que por escuchar la Palabra perdonará? En absoluto. Antes bien, cada día entenderá que Dios le ha dado la razón, y que la justicia divina actúa a través de su rencor.

Bienaventurados vuestros ojos porque ven, y vuestros oídos porque oyen. Los apóstoles eran débiles, pero no tenían nada que defender ante Cristo. Por eso vieron, oyeron, murieron mártires y se santificaron.

(TOI16J)